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Desde niña, me sentía parte de la naturaleza. Me encantaba estar rodeada de animales, árboles y silencios que parecían conversar conmigo.

Años más tarde, el destino me llevó a cuidar de los animales de otra manera: me convertí en médica veterinaria y viví intensamente esta profesión durante casi 25 años.

En el camino, también descubrí el mundo del comercio y de las personas: me sumergí en la vida corporativa, me especialicé en retail omnicanal y aprendí que, detrás de cada número, siempre hay una mirada, una historia, un encuentro.

Me casé, tuve tres hijos, construí una trayectoria hermosa pero muy acelerada. Y, en el fondo, algo en mí seguía pidiendo una pausa.

Fue la arcilla la que me enseñó a escuchar ese llamado.

Hace siete años, comencé a modelarla y, con ella, redescubrí el placer de crear con las manos, de respetar el tiempo de las cosas y de estar presente.

La cerámica me reconectó con la simplicidad que siempre fue importante para mí: con la tierra, con el silencio y con la belleza que existe en lo imperfecto.

Hoy, cada pieza que hago es una extensión de este camino.

Lleva consigo el cuidado de quien está aprendiendo a desacelerar y el deseo de inspirar a otros a hacer lo mismo.

Más que cerámica, lo que comparto aquí es presencia: una invitación a respirar profundo, desconectarse del ruido y acercarse a lo esencial.

 

Este espacio es nuestro.